Tercera entrega de la serie sobre el aeropuerto y su territorio. La huella midió el suelo que ocupa OVD y El ruido y los concejos siguió su rastro sonoro. Quedan dos presiones que no se ven ni se oyen desde fuera, lo que el aeropuerto emite al aire y la luz que proyecta de noche sobre la costa.

De dónde salen las emisiones
Un aeropuerto no es una gran industria, pero funciona con piezas que sí lo son a pequeña escala. Combustible, mantenimiento de aeronaves, calderas, grupos electrógenos, vehículos de plataforma y residuos peligrosos forman parte de la operación diaria. A ello se suman los motores de los aviones en rodadura, despegue y aterrizaje, sus unidades auxiliares de energía y el tráfico de coches, autobuses y taxis que entra y sale del recinto.
Los contaminantes locales más asociados a esta actividad son los óxidos de nitrógeno y las partículas.
Tres alcances que no pesan lo mismo
Los informes ambientales de Aena separan las emisiones en tres bloques. El alcance 1 son las que el gestor produce directamente, por ejemplo al quemar gasóleo en calderas o grupos electrógenos. El alcance 2 son las de la electricidad que compra. El alcance 3 son las de terceros, y ahí entran las aeronaves y el tráfico de acceso.
La distinción importa al leer cualquier balance. Un aeropuerto puede rebajar mucho sus alcances 1 y 2, incluso dejar el segundo en cero en términos contables comprando electricidad con garantía de origen renovable, sin que cambie lo que emiten los aviones que despegan de su pista. Las cifras anuales de OVD se añadirán a esta página cuando puedan citarse con su documento de origen.
La luz sobre la rasa
De noche, el aeropuerto ilumina pista, calles de rodaje, plataforma, torre, balizamiento y aparcamientos. Esa luz cae sobre una franja costera con poca iluminación alrededor, junto a acantilados, playas y humedales protegidos. La luz artificial nocturna puede alterar la orientación y la actividad de aves e insectos, y es una de las presiones ambientales menos medidas.
La aviación sí tiene en cuenta la luz en sentido contrario. Las servidumbres aeronáuticas permiten condicionar superficies o instalaciones del entorno que puedan deslumbrar a las tripulaciones. Es decir, la normativa vigila la luz que llega al aeropuerto, no la que sale de él.
Lo que esta página no sabe
No se ha localizado ningún indicador público de contaminación lumínica específico para el Aeropuerto de Asturias. Tampoco se han contrastado todavía las series de emisiones de OVD de la documentación ambiental de Aena ni los datos de calidad del aire de las estaciones del Principado más próximas. Son las dos piezas que faltan para cerrar esta entrega.
Seguir explorando
- La huella, de una pista a 177,8 hectáreas
- El ruido y los concejos
- Flora y fauna en el entorno del Aeropuerto de Asturias
Fuentes
- Orden TMA/1529/2021, por la que se aprueba la revisión del Plan Director del Aeropuerto de Asturias (BOE-A-2022-848), incluida su evaluación ambiental
- Real Decreto 761/2017, de servidumbres aeronáuticas del Aeropuerto de Asturias
Esta web no es la página oficial del Aeropuerto de Asturias ni sustituye a la información publicada por Aena.